Creemos
que somos “uno” pero en realidad dentro de nosotros coexisten
muchos “yoes” que están en conflicto entre sí, luchando por el
control, por el dominio absoluto de este habitáculo que tenemos por cuerpo. Ya de por sí, los “yoes” emocionales tienen
diferencias con los mentales, los de tendencia negativa con los
positivos, los voluntariosos con los que se sienten perezosos, los
valientes con los apesadumbrados. Todos conviven en algún rincón de
nuestro interior saltando a escena en según que capítulo de nuestra
vida, donde el conflicto abarca otras razones. Hay una tendencia
generalizada de yoes que prevalecen, son los que nos representan
diariamente, hasta rutinariamente pero eso no significa que no
existan los otros, aquellos que están agazapados esperando que algo
les provoque para salir al escenario de nuestra vida.
La
tragicomedia de toda esta multiplicidad interior puede resultar
pavorosa cuando hay una revuelta. Las diferentes voluntades
interiores chocan entre si, agudizan el conflicto y actúan en
diferentes direcciones. Es como para volverse loco, porque las dudas
nublan la razón y ante tantos argumentos no sabemos dictar un
veredicto que sea justo para todos, porque todos esos “yoes” nos
pertenecen, forman parte de nosotros, de nuestra identidad.
Necesitaremos
hacer un inventario psicológico de nosotros mismos para conocer que
tipo de “yo” se está manifestando con más fortuna, cual otro
está en constante conflicto, cual es el que nos domina y con cual de
ellos tenemos que tener más precaución, etc.
Creemos
que somos poseedores de una individualidad pero hay muchos momentos
en nuestra vida que nos demuestran que eso es falso. El ser humano
está hipnotizado por su fantasía, soñando ser león o águila
cuando en verdad no es más que un gusano que se arrastra en sus
pendencias, esas que están ocultas en su interior, esas que solo se
descubren de puertas para adentro, en el interior de su alcoba, o de
su cabeza. Ahí es capaz de plantarle cara uno a uno a todos esos
“yoes” que esperan audiencia. Allí le da poder al magnánimo o
al cruel, como soldados que coloca estrategicamente ante la batalla
que tendrá que luchar cuando salga por la puerta. Por eso en
algunas ocasiones avanzamos, crecemos y en otras degeneramos e
involucionamos. Y esto a veces, con una incertidumbre absoluta o con
una inconsciencia plena.
Esta
es la verdadera naturaleza del ser humano; no podemos ser seres
individuales porque somos una amalgama de muchos “yoes”, aunque
si es cierto, que con el tiempo, con los años, conseguimos algo:
descubrirlos, reconocerlos, organizarlos y darles protagonismo a unos
o a otros, la experiencia también es un grado. Ya no pueden
manipularnos ni crearnos la confusión como lo hacían cuando éramos
más jóvenes, y sobretodo, ya no nos pueden hacer el mismo daño.
Anyma.

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