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miércoles, 25 de abril de 2018

*PIDE UN DESEO*


¡Pide un deseo!-me dijo entusiasmada cuando vimos caer una de esas
estrellas fugaces. Empecé a pensar en mil cosas a la vez intentando
decidirme por alguna de ellas. Había muchas cosas que podía querer en
ese momento pero no debían ser importantes, porque no encontraba la
prioridad entre ellas, así que me di cuenta que en realidad no deseaba
nada especial ni digno de un cumplimiento por las estrellas. Yo solo
pensaba en "chuminás"

¡Vamos! ¿lo has pedido ya? – me repetía zarandeando mi hombro como si se
terminara el mundo.- Sí,sí. Le dije para que se quedara tranquila
mientras contemplaba la oscuridad del cielo salpicado de motitas
blancas. Menos mal que se suponía que era secreto y no me preguntó lo
que había pedido.

Me sentí mal por ser tan indecisa y lo que me costaba decidirme por
cualquier cosa.

Después me di cuenta que no era tan malo lo que me había pasado y que si
no atiné con un deseo es porque en realidad no deseaba nada, salvo
eliminar aquél estado de ansiedad e inquietud que me produjo el tener
que pedir algo a contrareloj.


anyma
Quién se acuerda de esto? Qué recuerdos os trae?

Que cierto es, deberíamos hacerle más caso a la rana y menos a la casa 🙄

martes, 24 de abril de 2018



La vajilla antigua.

Lo primero que pensé cuando me senté en la mesa del restaurante era en la cara que hubiese puesto mi madre cuando le plantaran por delante un plato con el borde desconchado como éste. No pude evitar sonreír y se me vinieron a la cabeza muchas imágenes de la casa de mi abuela, como las palanganas de loza, los chineros de color verde y las sillas de enea.
Y es que después de los platos cuadrados y negros, lo que se lleva ahora es comer en un plato descascarillado y que te sirvan la chacina en una papel de estraza; eso tampoco lo entiende mi madre, con la de platitos que sacan ellas para cualquier cosa.
En cualquier caso, lo importante es el contenido, y lo que estaba dentro de aquél plato esconchado estaba exquisito. 

anyma



UN POCO DE HISTORIA...


Pienso que tuvimos que encontrarnos en la antesala del mundo, preparadas para ser materia, para ser engendradas cada una en su óvulo, con la semillita de esa lagartija a la que empujamos para que atinara de una vez porque estábamos cansadas de esperar que nos dieran forma y un cuerpo que nos trajera a este mundo. Imagino la conversación de las dos allí en ese espacio que ninguna recordamos pero que era tan aburrido y a la vez excitante como la sala de espera de un dentista.
Allí nos echamos unas risas mientras nuestros padres decidían si querían niño o niña. Al final, salimos nosotras, con cinco días de diferencia y algunos kilómetros. No salimos ranas, pero nacimos piscis. Y después de muchos, muchos años, volvimos a encontrarnos por esos mundos de Dios, en un espacio tan aburrido como la sala del dentista que comenté antes, y que curioso, con forma de pecera aunque de ladrillo. Enseguida nos reconocimos, y decidimos hacer algo juntas, algo más de lo que ya hacíamos cada día, algo emocionante, divertido, algo que nos de vidilla. Claro que podíamos habernos ido a la India, o a Bután, el reino de la felicidad, pero no había presupuesto más que para un blog, así que aquí estamos, Las pescaítos; improvisando y empujando la vida con lo que nos queda de humor. 



anyma.