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lunes, 17 de septiembre de 2018

LAS MULETAS DE LA VIDA.


Un escrito publicado en ABC por Juan Antonio Sargado Bengoechea, que habla de las muletas que necesitamos en la vida son FELICIDAD, AMISTAD Y BUEN HUMOR.
Os subimos el texto resumiendo las tres etapas porque es genial. 
LA FELICIDAD
La vida es una aventura desde el principio al fin. Tenemos siempre la fundamental opción de ser felices o infelices.
A veces la infelicidad nos viene dada por acontecimientos o situaciones que no controlamos. Pero siempre es posible montar mecanismos vitales que nos lleven a ser felices o, si acaso, menos infelices, La felicidad . Es una actitud ante la vida, es la aceptación de la propia vida, de nuestro propio ser y de las circunstancias que nos toca vivir (J. Perea).
No hay una sola felicidad, sino muchas. Cada uno tiene que construir la suya. Y siempre viendo lo positivo de las cosas, asumiendo lo que somos y cómo somos. .
 No desear lo que no podemos alcanzar.
 Cabe preguntar si se puede ser feliz en situaciones vitales de dolor, penuria o desgracias. Tenemos ejemplos admirables de personas con graves deficiencias, como por ejemplo una grave enfermedad, que sin embargo no están amargadas e incluso, en su propia situación, son felices.porque aceptan su estado con resignación, con esperanza y con el acompañamiento de -familia, amigos, ilusiones- que le hacen más llevadera su situación.  las personas que tienen unos estándares normales de vida, son felices si se empeñan en serlo;  con positividad, con ilusión, con búsqueda de todo lo que nos puede ayudar a esa ansiada felicidad:  la amistad, la salud, el trabajo, la familia, las creencias, las ilusiones y el buen humor.
 LA AMISTAD
 Dice un viejo proverbio chino que si planificas para un año siembres trigo; si planificas para diez años planta árboles, y si planificas para toda una vida cultiva amistades.
 Somos amigos porque  hay mutua simpatía, porque nos fiamos de la otra persona, porque verle y charlar con ella nos conforta.
 Pero  la amistad hay que cultivarla.  la generosidad, y después la comprensión. La amistad es como los ríos y los años: al principio son pequeños, pero en su discurrir se hacen más fuertes y profundos.
 Amistad es querer, es admirar, es entregar, es comprender y es perdonar.
La amistad no puede calcular, envidiar, esperar, imponer y vindicar.
O sea, las reglas básicas que rigen la esgrima, rigen asimismo la amistad:
 Con los amigos hay que «dar sin recordar y recibir sin olvidar».
Cuando esas reglas fallan, la amistad puede comenzar fácil pero termina más fácilmente todavía.
la amistad no se consume, sino que se multiplica con el uso y se fortalece con el paso de los años.
Como decía Alfonso X El Sabio «…quemad viejos leños, bebed viejos vinos, leed viejos libros, tened viejos amigos». .
Hay tres plenitudes en la vida: la del vaso, que no retiene y no da; la del canal, que da pero no retiene y la del manantial, que crea, retiene y da (Alberto Magno). Ese es el modelo.
Pero ese tesoro que es la amistad hay que cultivarlo, cuidarlo; con el trato, con la palabra, con la presencia. Y esos amigos son parte fundamental de nuestra vida.
La vida sin amor no vale la pena.
 EL BUEN HUMOR
 El buen humor, el estar alegres, nos ayuda a ser felices.
Hay que huir de la tristeza, que es algo distinto del dolor y el sufrimiento. . La risa y la sonrisa son algo que tenemos los humanos como rasgo diferencial de todos los animales.  Y si se vendiera en las farmacias no habría médico que no recetara unas cuantas carcajadas diarias.
 La risa es vital, reconfortante en lo físico y sobre todo en lo anímico. Hay que preguntarse a menudo a lo largo de la vida: pero ¿por qué estoy tan serio?... y sonreír. Hace mucho bien.
Hay que reírse hasta de los propios defectos y aceptarnos como somos. Hay que hacer del buen humor un componente de vida, es gratis.
Al final resulta muy cierto que nuestra vida es como una página en blanco, que podemos llenarla de algo bello o ilusionante, aunque tenga claroscuros, o emborronarla de mala manera sin ninguna parte atractiva. 
De nosotros depende.
 Como dice Ward Becher, «una persona sin sentido del humor es como un coche sin amortiguadores. Todas las piedras del camino le hacen dar botes».














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